Cuando empecé a escribir este blog había llegado a una conclusión sobre lo que pasó en la gasolinera el otro día. Ahora tengo dos.

Después de haberme devuelto mi tarjeta, la señora cogió la factura (un papel corto y rectangular) junto con el recibo de la caja, grapó los dos y empezó a doblar el recibo de tal forma que el borde fuese igual que él de la factura.

Me dio esta obra de arte, sonrió y dijo “Para que quede bonito.” Lo recogi y empecé a doblarlo despacio, con el mismo esmero que ella, para que cupiera en mi cartera comodamente, asegurándome que estéticamente estuviese bien.

Cuando mi di cuenta lo que estaba haciendo estaba muy sorprendido porque normalmente meto estos papeles en la cartera con muy poco cuidado.

Mi primera conclusion es esta: su alto rendimiento me inspiró a alto rendimiento también. La segunda tiene que ver con el trabajo original de Cialdini sobre los seis principios de la persuasión. La señora me había dado un regalo y yo estaba reciprocando, inconscientemente.

Por supuesto, volveré a esa gasolinera.

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