Alan Walker Blog

El otro día en un curso de formación estuvimos mirando la diferencia entre ‘propósitos’ y ‘actividades’.

‘Mejorar el rendimiento de las personas’ es un propósito; ‘dar un curso de formación’ es una actividad.
Muchas personas contestaron ‘¿Para qué me pagan?’ con “No lo tengo claro.” Una mujer dijo “Mi jefe me explicó el ‘qué’ y el ‘cómo’ pero no el ‘para qué.’”

Recientemente estuve ayudando a un departamento en una compañía a lanzar una campaña de comunicación. Contestar el ‘para qué’ ocupó bastante más que la mitad del tiempo, hasta casi tres cuartos. Contestar las otras dos preguntas, el ‘qué’ y el ‘cómo’ era fácil.

Y ¿por qué es importante esto?

Si no conoces el ‘para qué’ de tu trabajo eres vulnerable. No puedes negociar con tu jefe ni con nadie realmente cuando intentan cambiar tus prioridades, por ejemplo.

Otra cosa pasó en aquel curso.
Dije “El propósito de una presentación es inspirar a alguien y hacer que tus mensajes sean memorizables y memorables.”

Más tarde, cuando comprobé lo que estaban aprendiendo, un hombre dijo “El propósito de un PPT (sic) es inspirar a alguien y hacer que tu mensaje sea memorizable y memorable.” Más o menos ad verbatim lo que dije yo.

Con una diferencia sutil. Había recordado la idea pero equipaba diapositivas hechas con PowerPoint con la presentación. Las diapositivas son sólo un medio, una ayuda, un soporte (una actividad). Tiene razón en que se puede decir que el propósito de una diapositiva es hacer que el mensaje sea memorizable y memorable pero las diapositivas no son la presentación.

Y cuando algunas personas me preguntan “¿Puedo enviarte mi presentación y me das tu feedback?”, digo “No puedes. Hoy por hoy es imposible. Me mandas tus diapositivas y te doy mi feedback. O una grabación de tu ensayo si quieres. La presentación eres tú con tu soporte visual.”

Y ¿por qué es importante esto?

Muchas personas comienzan su preparación de una presentación abriendo PowerPoint y haciendo tres cosas a la vez: Estructurar su mensaje, redactar lo que quieren decir y diseñar un soporte visual. No es sorprendente que esto consume un montón de tiempo y es muy ineficiente.

Define tu propósito, analiza tu audiencia, utiliza un mapa mental para preparar lo que quieres decir, confecciona tus chuletas y ya diseña tu soporte visual.

A lo mejor siquiera tendrás que utilizar PowerPoint. Si no olvidas tu propósito idearás cosas más creativas que una diapositiva de dos dimensiones. El ejemplo clásico de la gestión del tiempo de las piedras grandes, piedras más pequeñas etc puestas en un jarrón demuestra lo que se puede hacer con objetos.

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