Alan Walker Blog

13.15. Una pizzería local. Somos los primeros clientes. Mucho frio en la calle .. y mucho frio en la pizzería. Y empiezo (a mi mismo): “¿Por qué no pueden calentar el local de antemano? Claro. Como todos los sitios por aquí, sólo están acondicionados para el verano. Probablemente no quieren gastar el dinero en calefacción.”

Esperamos (odio esperar). Viene el dueño con la carta, vestido de vaqueros. No me gustan los vaqueros en sitios aparentemente ‘bien’.

(Creo igual con respecto a los presentadores de la tele – en los primeros años en mi profesión aprendí de un formador magnífico que los presentadores deberían ir vestido por encima de lo que esperaría la audiencia.)

Ni siquiera un aperitivo mientras. Y me digo a mi mismo “No juzgues, no juzgues.” Cuando pedimos una pizza entre los dos el dueño intenta vendernos un entrante de manera no muy sutil (¿Realmente fue así o es mi sesgo respecto a los vaqueros que está hablando?).

Aún así, sigo diciéndome “No juzgues, no juzgues.” Y ¿con qué éxito realmente? Posiblemente no mucho, porque como no te sorprenderá, la pizza no respondía a nuestras expectativas….

A veces me sorprende con qué facilidad caigo en pensamientos, y comportamientos, no productivos. Vienen de los sesgos inconscientes, creencias, prejuicios, ideas preconcebidas, aprendizajes que no cuestiono que me conducen a colocar etiquetas en los demás.

Y ¿qué pasa con las etiquetas?

Pues las colocamos con super-glue. Y las personas se comportan según las etiquetas que les hemos puesto.

Para que las quitemos tienen que ocurrir dos cosas:

  1. Yo me digo a mi mismo que no estoy siendo justo (“en este momento estoy intentando disfrutar de una pizza y una buena compañía, no psicoanalizarme”);
  2. El otro tiene que cambiar (¿qué probabilidades existen que el dueño vaya a la cocina y vuelva con pantalones elegantes?).

Además, no sólo necesito revisar mis creencias y sesgos sino prepararme para una posible pérdida: mi creencia sobre los presentadores vestidos de vaqueros llevo años nutriéndola y actuando de acuerdo a ella.

Evidentemente, si lo veo de otra manera, podría ser una gran ganancia.

¿Volveremos a la pizzería? Sí, aunque si sólo es para darme a mi mismo otra oportunidad de entrar con otra actitud, que puede ser más justa respecto al dueño, y que repercutirá en la experiencia.

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